Decisiones

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La vida es un río que discurre por innumerables lugares. Algunos son pasos cómodos, llenos de hierba fresca en la orilla. Otros en cambio se tornan grises y oscuros, con malas hierbas rodeando el río y desagües que echan toda su mierda en él. En esas ocasiones nos vemos obligados, por pura superviviencia, a tomar decisiones para hacer que eso lque nos rodea no siga afectándonos, marcando cada día de nuestra existencia. Son decisiones que se toman en el momento caliente de una situación.

A priori son buenas elecciones, pero su validez tan solo tiene sentido en tanto dura la situación a la que se quiere responder. Más allá de ello lo mejor es deshacerse de esa mochila de decisiones. Lo único que se consigue con un razonamiento basado en esas guías es llevar por mal camino la vida.

Uno tan solo se dá cuenta de que está actuando de la forma equivocada cuando advierte que ha perdido una oportunidad, y saber que ya no hay marcha atrás ni remedio posible que te pueda poner en el camino de volver a ella. En ese momento la sensación que palpita en el alma es la de haber sido un completo estúpido, un bobo más centrado en no sentir el dolor que en ver que debía haber dejado ese comportamiento infantil hacía mucho tiempo.

Pero esa no es la peor parte de esta iluminación. Entonces nuestra mente pone el piloto automático. Comienza a repasar todo lo acontecido desde que se tomo esa decisión hasta la fecha actual. Analiza cada situación que ha significado algo. Se pregunta: “¿Actué bien?, Y si hubiera…”. Las cinco palabras malditas en la vida. Por si esto fuera poco, uno es el acusador, defensor y juez de sí mismo, sin que nadie pueda mediar en ello. Familia, amigos, compañeros de trabajo… nadie puede parar ese run run que retumba mañana, día y noche en tu cabeza.

Finalmente llega un día en el que todo para. No sabes por qué. Es otro momento de iluminación en el que a tí mismo te dices “¡cambia!”. Te das cuenta que tienes que tomar otra decisión. Evolucionar. Dejar a un lado lo que sabes que has perdido y poner todas tus fuerzas en no perder nada más. Y lo haces.

En ese momento te das cuenta que por cosas que se escapan a tu razocinio, has vuelto a un punto anterior de tu vida, cinco años atrás, por poner una cifra. Lo que ocurre ahora, algo que no tenías hace un lustro, es que cuentas con una perspectiva dada por la experiencia, forjada gracias a todos los errores y decisiones que has tomado a lo largo de todos estos años. Esa es la magia de la vida.

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