Ismael Serrano

La siguiente entrevista tuvo lugar en la gira de presentación de ‘Sueños de un hombre despierto’, penúltimo disco de Ismael Serrano. De su puño salieron temas como ‘papá cuéntame otra vez’, ‘dulce y tierna historia de amor’, ‘km0’, ‘principio de incertidumbre’ o ‘eres’. El madrileño nunca ha cejado en su empeño de denunciar todo aquello que no ve correcto, y a través de sus letras deja ver cuáles son los defectos y virtudes del ser humano. Por eso, y porque la charla que nos regaló fue más que interesante, rescatamos esta entrevista que ha estado acumulando polvo en el cajón.


En tus letras haces hincapié a la memoria, por qué crees que existe una amnesia colectiva en este lado del charco, cuando nosotros mismos hemos sido emigrantes en el pasado?

Pues yo también me hago esa misma pregunta, no lo entiendo. Tenemos memoria de pez, y olvidamos que nosotros hasta antes de ayer fuimos emigrantes. Supongo que porque se ha impuesto la falsa idea de que la solución a los problemas en el mundo es el olvido. Parece que metiendo ciertos recuerdos debajo de la alfombra resolvemos ciertos conflictos; pero sólo lo hacemos muy a corto plazo; a largo plazo, te ves condenado a repetir una y otra vez los mismos errores. Vivimos en tiempos en los que todo es fugaz, donde desde el momento en el que todo es tratado como objeto de consumo de usar y tirar, invita a adoptar unos hábitos en los que la memoria queda totalmente devaluada.

Qué te queda de aquel niño del excelsior que comentas en el disco?

Bueno, me quedan unas cuantas cosas. Ojalá haya salvado parte de la capacidad para sorprenderme. Me ha quedado un gran amor por el cine, mi capacidad de soñar, para imaginar mundos mejores, para seguir persiguiendo los sueños, y también la fé en el ser humano. Ciertos ideales, ciertos sueños que creo que no he perdido a pesar que de no me he negado a crecer; no se trata de tener síndrome de peter pan, sino de crecer pero sin que eso conlleve una renuncia, y asumir ciertos fracasos como inevitables.

Crees que existe alguna Casandra hoy en día?

Bueno, para empezar creo que la opinión pública hoy en día corre la misma suerte. Cuando la gente, por ejemplo, salió a tapar la calle para condenar la guerra en Irak, lo hacía porque sabía que el mundo no iba a ser un lugar más seguro, porque sabíamos que los iraquíes no iban a ser más libres, e intuítamos que aquello de las armas de destrucción masiva era un cuento. Y sin embargo, como a Casandra, no fuimos escuchado. En cierto modo todos tenemos una Casandra dentro, a la que no se le suele escuchar.

¿Qué sueñas cuando estas despierto?

La música te ayuda precisamente a soñar despierto. Sueño con que no perdamos nuestra permeabilidad a la hora de mirar el mundo que nos rodea, para que seamos capaces de emocionarnos ante lo que ocurre. Sueño con que rompamos la burbuja que nos aisla, y entendamos que no estamos solos cuando nos cuestionamos la realidad en la que vivimos. Creo que a lo que conduce la atomización de la sociedad en la que vivimos es, precisamente, el no hacer una puesta en común de ciertas críticas y cuestiones.

¿Y qué papel puede jugar la música en todo esto?

Su protagonismo puede estar en generaa espacios de encuentro entre gente que comparte preguntas, que comparte sentimientos… En ese aspecto es donde puede ser útil.

Han pasado once años desde “Atrapados en azul”, tu primer disco. Qué queda de aquel Ismael Serrano?

Sobretodo, el afán por comunicarme a través de la música, de generar esos espacios de encuentro, la convicción de que otro mundo es posible, que tenemos que replantearnos el modelo de sociedad que estamos construyendo, la mirada global… No sé, me gustaría pensar que todavía guardo unas cuantas cosas. La música sirve, como digo muchas veces, para tener la memoria clara y no perder el contacto con la realidad.

¿Qué grado de libertad crees que tienes a la hora de publicar un disco?

En ese sentido, siempre he publicado el disco que he querido. Jamás han hecho ningún comentario al respecto. Ni siquiera sé si les ha parecido acertado o no hablar de ciertos temas, pero jamás me lo han comentado. Siempre he hecho lo que he querido, porque así se estableció la relación con la compañía desde que empezamos. Me han dejado siempre libertad total, y siempre he tenido muy claro lo que quería hacer, y se lo he dejado claro a la compañía. Si no fuera de esa manera, no podría trabajar, nolo sé hacer de otra manera, y ellos lo han respetado.

¿Crees que la esperanza por un mundo mejor es una batalla perdida?

Creo que no. Estamos asistiendo al renacer de una conciencia colectiva. Ocurren acontecimientos que son señales claras que no me hacen perder la fé en el ser humano.

¿Cuáles son esas señales?

Hoy por hoy, los movimientos altermundistas representan ese renacer, en los que confluyen muchos otros movimientos. Es una red de redes. Gente que comparte las mismas preguntas, ofrece respuestas muy diferentes pero todos convergen en la búsqueda de ese mundo mejor. Si algo nos diferencia de nuestros padres es que no somos la generación de los dogmas. Tarde o temprano la clase política tiene que darse cuenta de ese distanciamiento, de que la gente está exigiendo otra sensibilidad, otra forma de participar en la sociedad. La naturaleza del ser humano es la ambición por mejorar las cosas, por perseguir las utopía utopía. El propio instinto de conservación de la especie nos obliga a esa búsqueda.

¿Crees que la gente se ha acomodado?

Vivimos en unos tiempos en los que los ciudadanos somos considerados como consumidores. Estamos sufriendo un retroceso en cuanto a muchos derechos. Se nos generan necesidades artificiales, y desatendemos las necesidades reales de los individuos como reivindicar lo que hasta hace dos días eran derechos fundamentales, hoy desaparecen. La sociedad cada día está más atomizada, hace que cada vez estemos más alejados los unos de los otros. La estrategia del sistema es desprestigiar o criminalizar a los disidentes, los que no opinan igual.

Ha participado en una producción latinoamericana llamada “el hombre que corría tras el viento”, ¿de qué trata?

La película es algo que yo contaba en un concierto, es una historia de amor pero con una reflexión de fondo. Siempre he revindicado la memoria como herramienta de futuro, para entender los tiempos que nos tocan vivir. En esta película, hay un personaje que se ve abocado a repetir una y otra vez la misma historia porque no asume ciertos riesgos que debería. Queda congelado. Solo puede salir de esa situación mirando hacia adelante. Hay un personaje que redime al protagonista y le hace entender que uno no puede quedar anclado en el pasado. Pero todo en tono de comedia romántica, impregnado con un toque de mágia. Como todo lo que ocurre en latinoamérica.

A latinoamérica la tiene muy adentro…

Todo lo que se vive allí es muy intenso, para bien o para mal. Es un continente vivo. Europa parece un gran museo donde ya casi nada te sorprende, incluso nosotros mismos hemos perdido la capacidad de sorprendernos. En latinoamérica, la escala de medidas es otra. Las distancias geográficas, materiales e incluso sentimentales son otras. Cuando estas allí notas que se vive todo con mucha fuerza, quizá también porque la vida es tan precaria, que hace que la gente valore el instante de otra forma muy especial. Es inevitable que si recorres latinoamérica te enamores de ella.

El capitalismo te hace creer que vives en un espacio vital hecho exclusivamente para tí, en el que te hace creer que todo responde a tus necesidades y consigue que lo veas todo invisible e indivisible; sin embargo, te ata con las mejores cadenas que ha creado el hombre: la libertad vigilada” ¿Qué opinión le merece?

Incide en lo que hemos estado hablando.Se trata de ese paraiso totalmente ficticio en el que se generan necesidades totalmente artificiales, donde te hacen creer que la libertad consiste en elegir entre todos los productos que puedes consumir. Se habla mucho de la globalización, de la desaparición de las fronteras, pero fundamentalmente para el capital no para la gente, que sigue jugándose la vida cruzando fronteras. La gente cree que está sola en ciertos cuestionamientos, por eso decía que si pusieramos en común todas nuestras inquietudes, nos daríamos cuenta de que somos más de los que creemos. El sistema tiene esa trampa de aislarnos, y crear una realidad virtual que nos hipnotiza, y nos convierte en números.

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Foto: Ismael Serrano.com

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